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Historia de amor y dolor de un padre


•Carlos Humberto Valenzuela Florián cuida de sus hijos luego que su esposa, Juana Tobar, se refugiara en una iglesia desde hace dos años para evitar su deportación.

Por Williams Viera | [email protected]

Greensboro, NC.- Carlos Humberto Valenzuela Florián, de 50 años, procedente de Guatemala es un ciudadano estadounidense y está casado con Juana Luz Tobar Ortega; es padre de cuatro hijos y en los dos años que lleva su esposa en ‘santuario’, evitando con ello ser deportada, él asumió el doble papel en su casa.

“Lo que vivimos no ha sido fácil”, dijo Valenzuela Florián, quien ha seguido de cerca el proceso migratorio de Tobar Ortega con todos los sobresaltos jurídicos que ha tenido desde 1999.

“Lo nuestro ha sido una historia de amor y dolor”, dijo el padre de Lesvi y Yeimy Molina, hijas de la primera relación de Juana en Guatemala, y de Jacqueline y Carlos, de 24 y 17 años, respectivamente, producto de su matrimonio de 25 años Juana.

Y es que él, quien celebrará el Día del Padre junto a su compañera, hijos y nietos, en la Iglesia Episcopal St. Barnabas, en Greensboro, se refugia, en su casa en Asheboro, en el silencio de las noches.

En la soledad

“En el momento que vengo a estar con Juana, después del trabajo, mi hijo más pequeño me necesita en casa; y cuando regreso a la casa, me hace falta ella. Esta situación es muy complicada. ¡Hay días en los que uno no sabe qué hacer! Llego a cocinar, a hablar con los muchachos, pero en la soledad de mi cuarto, en ocasiones, me pongo a llorar y lo hago de esa manera para evitar que los hijos que viven conmigo, Jacqueline y Carlos, se derrumben”, dijo Valenzuela Florián.

Y es que esta historia lleva años. Ella ingresó por primera vez a Estados Unidos en 1992 y pidió asilo político, pero en 1999, mientras se cumplían los trámites pertinentes, hizo un viaje a Guatemala, sin pedir permiso, y cuando intentaba cruzar la frontera fue detenida. Esa situación es la que ahora la mantiene con una orden de deportación en su contra.

“La gente no siente el dolor y la angustia que sentimos por esta situación de incertidumbre en que estamos luego de haberse fracturado nuestra familia. Sólo hemos querido tener una mejor vida para nuestros hijos”, dijo Valenzuela Florián.

Debido a la Guerra Civil de Guatemala y, en especial, de la violencia de ese tiempo, en el área rural, Carlos Valenzuela Florián, huyó de su país por una simple razón: no quería pelear por el ejército o la guerrilla en la guerra civil. Él llegó a Estados Unidos pidiendo asilo político el 28 de septiembre de 1990, dos años antes que Juana, a quien conoció en Asheboro.

Valenzuela Florián calificó hacia la ciudadanía bajo la  llamada Ley de Ajuste Nicaragüense y Ley de Alivio Centroamericano (NACARA). La legislación de 1997 ofrecía beneficios de inmigración y exención de deportación a algunos solicitantes de asilo procedentes de Guatemala, Nicaragua, Cuba, El Salvador y países del antiguo bloque soviético.

Éramos felices

Durante el tiempo que lleva Juana en ‘santuario’, este hombre ha proclamado la devoción por su compañera de vida y trata de aliviar las heridas de su amada con bondad y cuidado como si el amar y sufrir por amor estuviese proscrito o fuese un tema antiguo.

“El no estar con ella en la casa es lo que más extraño. Es muy duro. La gente nos puede ver reír, pero la procesión va por dentro. Nuestro caso es diferente y las únicas personas que pueden entender la situación que vivimos son los que tienen algún familiar en la cárcel, aunque un lugar de esos es peor. Tengo el consuelo que puedo visitar a Juana en cualquier momento y, sin embargo, no me siento bien. Y mi pelea junto a mis hijos es que Juana siga viviendo con nosotros, en nuestra casa, en Asheboro, en donde todos éramos felices”, dijo Valenzuela Florián.

Él está listo para celebrar el Día del Padre en el ‘santuario’ en donde permanece su amada Juana.


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Gaby Angel

Hola Mi nombre es Gaby Angel Soy locutora de la Raza 106.1 FM y Social Media Manager en Norsan Media. Me encanta escuchar Musica de diversos estilos y jugar con mi hijo.

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